El tiempo de las cerezas

Ya lo decía la canción – “Le temps des cerises”, una de las más hermosas canciones revolucionarias de la historia de la clase obrera, escrita por Jean-Baptiste Climent en 1866-, duran poco los cerezos en flor y corto es también el tiempo de maduración. Breve la recogida. Fugaz como la revolución pero lugar que permanece y al que siempre es posible volver. Y volver y volver.

La nube y Jose. Jose y La nube. Resulta dificil separar dos conceptos cuando algo parece estar tan intrínsicamente unido como una persona a un lugar. Y eso que La nube, más que un lugar, te recibe como una actitud. Una forma de estar en el mundo. Hace 12 años que José encontró este pequeño paraíso en el Valle del Jerte en el que, a base de idas y venidas desde Madrid, estableció un hogar sobre un antiguo secadero de tabaco. Rodeado de cerezos, de robles, de piedras y ríos. Sin más ruído que el que a la naturaleza se le antoja. Y el de las nubes, que llegan a veces y que solo algunas se quedan  justo a los pies del valle. Al borde de las ganas, rozando la alegría. De ahí su nombre. La nube.

Garganta de la Olla, Cáceres. Valle del Jerte. Tiempo de recogida en tierra de cerezos. José nos invita a este lugar situado por encima del pueblo, en un punto de la montaña en el que los caminos dejan de llevar a ninguna parte y donde, como ya nos avisaba Mónica, “se es asquerosamente feliz”.

Jose había pedido una mano para la recogida de la cereza y hacia allí nos fuimos algunas y algunos Híbridxs. Y recogimos cereza pero sobre todo aprendimos. Aprendimos que la calidad no es relativa y que una cereza del calibre 26 solo sirve cuando todavía esta roja; que menos de 22 está bien para casa y que el rojo tirando a negro deja de ser bueno. Aprendimos que la mayoría llegan solas pero que también hay cerezas que vienen en pareja y otras que llegan preñadas -con descendencia. Hay cerezas que un día apenas existen y al día siguiente ya han envejecido. Hay cerezas pequeñas, medianas y muy grandes pero que meterlas por edad y por tamaño en una caja sigue siendo importante. Aprendimos que detrás del sabor siempre hay filosofía y que es muy poco lo que de todo esto entienden los mercados. Jose nos enseñó que se puede ser un sol y seguir animando  a llevar el trabajo más rápido; que se puede mantener la sonrisa de 8 de la mañana hasta por la noche pasadas las tres menos cuarto y que el día siguiente puede seguir sabiendo como las tostadas.

Y también seguimos soñando con paraísos cercanos y otras utopías. Porque allá arriba, entre cerezas y las nubes, supimos que andaba la vida silbando.

 

 

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2 comments

  1. Hermano menor. · junio 7, 2012

    Es precioso. Muchas gracias. Y el vídeo muy bonito. A ver si me hago con esas dos cerezas 😉

  2. Diego · junio 7, 2012

    Totalmente de acuerdo con él texto, me gustaría añadir, sí cabe me algo más, porque he tenido la suerte inmensa de conocer a José y a su familia, también he podido vivir estrés experiencia, que cómo bien dice él texto…y aunque no os lo creados, es asquerosamente feliz!..
    Ánimo José, tanto padre cómo hijo-y él hermano-que con su gran actitud y entereza desde siempre me han enseñado e ilustrado tanto!
    Un abrazo,
    Sopelana, Vizcaya, Junio 2012

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